16 octubre 2021

ConSUMO a conCiencia

RealFoodAndSaveTheWorld «Los kilómetros de la comida»

Volvemos al Colegio Público Marqués de la Real Defensa de Tafalla (Navarra) para conocer otra actividad de interés y fácilmente adaptable a cualquier aula. Nos la detalla nuestro compañero Javier Ibañez.

«Se trata de un proyecto sobre la alimentación con una perspectiva ecosocial del consumo, salpimentado con nociones de ciencia aplicada a la cocina.

La alimentación es algo inherente a nuestras vidas: todos los días comemos. Pero, más importante todavía, lo que comemos influye en nuestro mundo.
Así, en un proyecto que quiere sumar ciencia y consumir a conciencia, trabajamos sobre el azúcar natural y el añadido (con especial atención a los ultraprocesados, bollería industrial, y a la ingente cantidad de azúcar en cereales, galletas, zumos, cacao soluble… y hasta en el pan), los productos ultraenvasados, las consecuencias (a veces terribles) en el Tercer Mundo, de los gustos y modas de los países desarrollados (aceite de palma, café, cacao, soja… ahora y desde el tiempo de las caravanas de especias), la economía circular y los productos de temporada y kilómetro cero, la agricultura y ganadería ecológicas, la higiene en la manipulación de alimentos y hasta curiosidades de la cocina como por qué lloramos al cortar una cebolla, por qué al freír un huevo «salta» y en tortilla no o romper mitos como el del desayuno como la comida más importante del día o demostrar que «dorar no sella».

Una de las actividades realizadas ha sido la de investigar sobre Los «cereales» en el desayuno:
Descubrimos y nos sorprendemos con su origen (alimento que quiere responder a las limitaciones impuestas por motivos religiosos) e intentamos desenmarañar lo que son ahora y lo que no quieren que veamos: porcentaje de azúcar (desligándolo de lo que denominan «ración»), ingredientes y marketing agresivo (dibujos infantiles, sonrisas, colores llamativos… ¡hasta referencias a la Asociación de Pediatría!).

En primer lugar, ponemos en la pantalla fotos de diferentes cajas de cereales y votamos cuál compraríamos. No es sorpresa decir que los más votados fueron los de colores llamativos, con dibujos sonrientes, etc.
Analizamos los colores utilizados, los elementos que nos atraen y ¡el nutriscore B! (se explica cómo son capaces de añadir diferentes ingredientes para conseguir que el algoritmo del nutriscore les califique con una nota que en absoluto se merecen).

Al día siguientes, compramos la caja de cereales más votada y se van echando en un bol la cantidad que suelen echarse para desayunar, lo pesan y lo apuntan en el cuaderno (y aprenden a marcar la tara del bol).
Leemos la información nutricional de los cereales y cada uno calcula el porcentaje de azúcar de su ración y lo compara con la recomendación máxima de la OMS.


Nos informamos con el programa «La alimentación del futuro» de «Documentos TV» (con @juliobasulto_dn y @juan_revenga), vemos los vídeos de @Midietacojea y nos sorprendemos, y casi asustamos, con los carteles de @sinazúcar.org.

Pero también somos #laclasequevaacambiarelmundo y por eso nos planteamos investigar para actuar y, en primer lugar, para cambiar nuestros hábitos desde el conocimiento.


Y así surge la actividad «Los kilómetros de la comida». El alumnado elabora una tabla con el país de origen de los alimentos que vea en casa o en la tienda y busca la distancia que hay hasta España. Un día en concreto, suma los kilómetros de la comida que han tomado en casa y lo comparte con el resto de la clase. Por último, en un mapamundi (con la Proyección de Peters por ser de justicia la representación de las superficies reales de los países) unimos con cuerdas todos los países desde los que se han traído los alimentos que hemos apuntado.


Con esta sencilla actividad, el debate se enriquece con aportaciones como:

  • En el tique de la compra no solo debería aparecer el precio del producto en euros sino también lo que pagamos en huella de carbono y contaminación.
  • No pueden entender que se traigan naranjas y limones de Sudáfrica, peras de Chile, uva de Brasil, manzanas de Nueva Zelanda, etc.
  • Se extrañan de que el precio de esos productos es parecido, o incluso inferior, a los productos locales, por lo que se preguntan qué pueden ganar los agricultores del país de origen y en qué condiciones tendrán que trabajar.
  • No pasa nada si no compramos productos exóticos y, seguramente, si hay menos demanda el precio en origen se
    abaratará para que puedan comprarlo sus paisanos y no tendrán que deforestar para hacer cultivos extensivos.
    Seguimos trabajando diferentes aspectos del proyecto, los viernes son días de @sabervivir_tve y leemos los libros de @beatrizcalidad y @gominolasdepetroleo.
    ¡Mucho trabajo por delante! Pero, ¿quién dijo que iba a ser fácil?»

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