Yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul.
Si no conociésemos estos versos de Antonio Machado podríamos pensar que el poeta nos habla de esos lugares que deseamos crear cuando plantamos árboles. La actividad realizada conjuntamente entre el Proyecto del huerto escolar del IES Daute, el del Colegio Aregume, el colectivo silense Más árboles, menos cemento y el servicio de jardinería del Ayuntamiento de Los Silos consistió en plantar diez guaidiles y dos jacarandas, y se llevó a cabo con la ayuda del alumnado y profesorado de 6.º de Primaria. Esos colectivos son los padrinos de estos pequeños árboles y los encargados de cuidarlos a partir de ahora, hasta que acabe el curso. Estos árboles darán sombra algún día a estos niños y niñas convertidas en personas adultas. Quizá alguna sea maestra en este colegio y pueda impartir sus clases aquí, aprovechando su sombra. El jueves pasado, durante la plantación, uno de ellos comentaba que ojalá él y sus hijos disfruten de este lugar como nos lo imaginamos nosotros ahora en los versos de Machado. Y lo dijo sonriendo, pero con la mirada convencida y adulta de ese niño crecido, de que efectivamente eso es posible.
Recordamos con esta acción al escritor portugués José Saramago (1922-2010), afincado durante mucho tiempo en nuestra isla de Lanzarote.
Cuando Jerónimo Melrinho se sintió morir bajó a la huerta y, antes de que lo llevasen al hospital, se despidió de todos los árboles que había plantado a lo largo de su vida. Lo hizo uno por uno, abrazándolos del mismo modo en que antes había abrazado a su familia. Aquel hombre era analfabeto, un campesino cuyo gesto no respondía a una reflexión intelectual ni a una voluntad de trascendencia. Se despidió de ellos porque aquellos árboles también formaban parte de su familia, y de la tierra, y de la vida que ahora le abandonaba.
Aquel hombre que lloró abrazado a sus olivos en tierras de Azinhaga fue el abuelo de José Saramago. Muchos años después, su discurso de aceptación de Nobel comenzaría con estas palabras: El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir.
Y en tu centro, ¿tenéis experiencias de este tipo? ¿Cómo trabajas este tema con tu alumnado?
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