Hola, Caracola

Todo empezó así, sin pensar, sin planear, como ocurren las mejores aventuras.

Una mañana un niño de la clase de 1º B llevó en su bolsillo unos caracoles que había encontrado de camino al colegio. Los caracoles no tenían muy buen aspecto y la maestra incluso pensó que no tenían vida.
Pero, cuando vió los ojos de ese niño mostrando su hallazgo, no pudo más que dirigirse a la clase y hacer la siguiente pregunta: -¿Queréis que les hagamos una casa?Los niños contestaron al unísono, -¡Siiiiii!                  
¿¡Alguien podía esperar que la respuesta fuese otra!?

Pues bien, la maestra se puso manos a la obra y con los materiales que tenía a mano, comenzó la aventura. Sacó unos vasos que tenía guardados de otro día, esta maestra siempre lo guarda todo por si lo necesitan otro día. Dió un vaso a cada niño y salieron al patio a coger tierra de la que hay en una zona donde antes había unos árboles, subieron a la clase y, en una de esas botellas que la maestra guarda para reutilizar, echaron la tierra y metieron los caracoles. les echaron  agua para humedecer la tierra, porque vieron en internet que les gusta vivir en zonas húmedas.

Más tarde, en la hora del almuerzo, miraron entre sus manjares qué podría servir para dar de comer a los caracoles. Sabían que comerían verduras, frutas o algo así, así que les pusieron un poco de manzana, un trocito de lechuga de un bocata delicioso y otro trocito de tomate de una ensalada. ¡Menudos almuerzos llevan estos niños! Y todos en tupper reutilizable.

La maestra preguntó a los niños quién podía traer un poquito de lechuga al día siguiente y claro, todos levantaron la mano, así es que, establecieron  turnos para traerles comida, aunque esto funciona regular ya que les traen cuando hay en casa.

A la mañana siguiente, la maestra trajo un recipiente más grande para que los caracoles estuviesen más cómodos y cuando se dispusieron a realizar la mudanza, ¡Sorpresa! ¡Todos los caracoles estaban vivos! Cambiaron la tierra de recipiente, echaron un poquito más de tierra, colocaron los caracoles y los taparon con un trozo de tela de mosquitera que tenía la maestra guardada por si alguna vez hacía falta. ¡Qué cosas tienen las maestras en clase!  Tal vez, el día de ayer, fue el día de suerte de esos animalillos y salvaron la vida gracias a ese niño, sólo tal vez, ¡quién sabe!

Durante los días siguientes los cuidaron y observaron y se convirtieron en parte de la clase. Los ponían al sol en la ventana, les echaban de comer, limpiaban los restos de comida que se estropeaba en la casa…

Y así ,pasaron los días, hasta que… De pronto un día, el 23 de noviembre, exactamente, observando vieron algo diferente entre la tierra, eran como unas bolitas blancas y blandas. Todos se quedaron muy sorprendidos cuando la maestra dijo con tono entre emocionante e incrédulo:

– ¡Chicosssss, los caracoles han puesto huevos !

Ese fue un momento mágico, como si todos pensasen a la vez que, en un tiempo, tendrían caracolillos.

No sabían cuánto tarda en nacer un caracol, así que la maestra lo buscó en internet y les dijo que tardaban unos 15 días. No es mucho ,¿ verdad? Pues… se hicieron un poquito largos, pero… el 9 de diciembre pudieron ver una imagen maravillosa.A una de esas bolitas blancas le habían salido unos cuernecillos y se movía. ¡Habían empezado a nacer los caracoles! Bueno todavía no saben si nacen o se llama de otra manera, ya que el huevo se transforma en caparazón y de ahí sale la molla. Están investigando todavía cómo se llama este proceso, y averiguando más cosas de los caracoles, pero con la emoción de observarlos no les queda mucho tiempo. La maestra ha conseguido una lupa que le ha prestado un compañero y con ella pueden verlos un poquito más grandes. Ahora han salido muchos más y salen desde debajo de la tierra hasta arriba para comer.  Ya no son blanditos, la concha ya es dura y apenas miden 2 milímetros.

Observando han descubierto que los caracoles se entierran  en la tierra casi por completo y así es como ponen los huevos,  saben que por la noche es cuando más activos están y por eso la mejor hora para observarlos en clase es a las nueve,  y también han averiguado que no les gustan mucho las zanahorias, ni las manzanas y que lo que más les gusta son las hojas como las de la lechuga o la coliflor.

Esta aventura todavía no ha acabado, seguirán aprendiendo muchas cosas más de todo lo que les rodea. Además ésta es sólo una de las aventuras que les esperan, ya que, sin ir más lejos, hoy mismo ha ocurrido algo fascinante que los ha dejado a todos con la boca abierta. ¿Os lo cuento en un momentico?

Resulta que desde octubre, en esta clase, a la hora del almuerzo y casi todos los días, como tenemos las ventanas abiertas, vienen de visita un par de avispas. Los primeros días todos los niños de la clase empezaban a gritar y a correr por la clase. La seño les decía que no gritasen y no se moviesen de forma brusca ya que si lo hacían, las avispas pensarían que les estaban atacando, se defenderían y les picarían . Poco a poco los niños fueron quedándose en sus asientos y esquivaban las avispas pero sin levantarse del asiento, las avispas pronto encontraban las ventanas y se iban. Hoy una de esas avispas ha entrado en la clase y se ha acercado a un niño, el niño no se ha movido de su asiento y ha seguido con lo que estaba haciendo y la avispa se ha posado en su dedo durante un par de segundo y después se ha ido. Todos se han quedado alucinados y han comprendido que la avispa no se dedica a ir picando por ahí así sin más y que simplemente es cuestión de respetar.

Historias que solamente pueden ocurrir en un lugar muy muy especial, en un lugar que es más que un colegio.

Marga. CEIP Los Rosales (El Palmar, Murcia)

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