23 enero 2026

De lo tóxico a lo afectivo: caminata y poéticas comunitarias por el río Aulencia para un archivo vivo.

Arte + Poética + Ciencia + Activismo

El agua guarda la memoria. No olvida el paso del tiempo ni los gestos que la tocan. En su transparencia habitan los ecos de lo que fue: las lluvias antiguas, los cauces que cambiaron de rumbo, las manos que bebieron de ella sin miedo. Cada gota contiene una historia que se repite, un fragmento del mundo que vuelve a empezar. Arte Climático se vuelve testigo de una alianza silenciosa entre arte y ciencia. Nos aventuramos a descifrar el lenguaje secreto del agua, ese murmullo que se revela paso a paso, cuando el cuerpo camina y la mirada aprende a escuchar.

Aunque a veces su voz se oculta bajo el ruido del progreso, el agua sigue hablando en cada reflejo, en cada sombra que se disuelve entre el barro y la corriente. El río Aulencia, herido, persistente, nos invita a escucharlo con todos los sentidos: a dejar que el viento traduzca sus lamentos y que la tierra nos devuelva su tacto antiguo. Escuchar su rumor es recordar que también somos parte de su ciclo: agua que piensa, que respira, que busca su cauce. Y tal vez, si aprendemos a atender su voz sin prisa, comprendamos que la memoria del agua no guarda solo el pasado, sino también la posibilidad de un futuro distinto.

La artista e investigadora Emma Á Marty nos propone un gesto simple y profundo: caminar. Caminar como acto de atención, como modo de encuentro entre cuerpos, especies y afectos. Arte Caminado: desde la presa del Embalse de Valmayor hasta la tubería de vertido de lodos, cada paso se vuelve pregunta, cada silencio, materia poética.

Durante la caminata, acompañados por voces expertas; ambientólogos, biólogos y artistas,  aprendimos a mirar de otro modo: a registrar con la piel, con la vista, con el olfato y con el oído.

La contaminación se hace visible cuando se la nombra. Pero también cuando la escuchamos desde la ternura, cuando el arte y la ciencia se cruzan para desvelar las tramas invisibles del daño y, a la vez, los brotes de regeneración que aún laten bajo la superficie. Bajo el brillo aparente del agua, la herida se extiende silenciosa: los ríos cargan con restos de nuestra prisa, el embalse respira con dificultad, sombras hechas datos, ofrecidos desde la mirada científica de la ambientóloga Haday López Portillo y miembro de la asociación de Verdemorillo. Dicha asociación está formada por un grupo de vecinos de la localidad madrileña de Valdemorillo y alrededores, cuya principal preocupación además de sus propios proyectos de conservación es la colaboración con otras instituciones. Dan a conocer la situación de la biodiversidad de la zona. Ya que es enclave geográfico formado por diferentes tipos de suelo y cuenta con inmensas masas de agua que hace de ese entorno un lugar de gran variedad biológica.

Haday nos facilita un análisis del estado del agua del embalse. Nos muestra que cada gota guarda la memoria de un vertido, de un gesto inconsciente, de una ausencia de cuidado. Las algas se apagan, los peces callan, las corrientes se vuelven pesadas, los animales de la zona corren enfermos posiblemente.

Cada participante recogió huellas del entorno: sonidos, palabras, imágenes, gestos. Todo pasó a formar parte de un archivo vivo, un testimonio colectivo de afecto hacia el río. Una caminata recorriendo los sentidos de la mano de José Ángel de la Banda, educador ambiental y colaborador en Verdemorillo. José Ángel diseñó una propuesta para recorrer el entorno desde la sensibilidad del cuerpo, como quien lee un territorio con los ojos cerrados: atendiendo al sonido, al aire, a la textura del mundo que nos rodea.

Al llegar al punto del vertido, Emma leyó un poema nacido del contacto con el lugar. Con las palabras recolectadas, se compuso también un poema común, escrito sobre papel de algodón y sumergido en el lodo, para dejar que la materia y el tiempo lo transformaran. Así, y solo con el tiempo ya que aún la experiencia está en proceso, la palabra vuelve a la tierra.

La pieza, guardada y documentada, quedará viva, cambiando lentamente, como el propio río: símbolo de fragilidad y esperanza.

Esta experiencia, entre la acción y la contemplación, tendió puentes entre la emoción y el conocimiento, entre lo humano y lo más que humano. Conocimos otras asociaciones que están luchando para divulgar sobre la salud del embalse como de la biodiversidad hermanada. Quizás caminar juntos fue también una forma de sanar, además de conocer. El agua, como el arte, nos habló y nos transformó. Quizás donde antes creímos ver el fin, brota una promesa: la de volver a mirar el agua como reflejo de nuestra capacidad de sanar, de cuidar y de renacer junto a ella.

«Me siento y te espero.

Arsénico.

Llegas tarde mientras la lengua del mejillón ya no filtra tu saliva.

Aluminio.

Ahora bebes agua sin respirar y huele a Bario. Lo quieres.

Tu color de río llora, no puede.

¿Rojo?¿Negro?¿Blanco?¿Verde?¿Rosa?

Bismuto.

Dicen que tus besos tienen sabor metal en los restos de tu boca.

Cadmio.

Quieres un abrazo pero los brazos no llegan mientras tu tripa se hincha con el destello del metal en mis pies.

Cromo.

Y te preguntas dónde estoy, íntimo, pero me expulsas.

Cobre.

Recuerdas el sueño y me lo cuentas cada vez que me hundo en tu líquido que inunda la casa mientras tus párpados pesan pero sabes que es un sueño.

Hierro.

Qué bella coreografía cuando el viento acaricia las ramas que se hunden en tu barro y no se van.

Una flor de zarzamora. Enamoras.

Manganeso.

Vomitas en tu pecho pero la calle no lo sabe. Te escondes. No te escuchan, lo sabes.

¿Qué? Mercurio.

¿Qué? Mercurio.

¿Qué? Mercurio.

Tienes sed y dibujas tu figura con dolor por no saber por qué.

Niquel.

Te piso y no gritas. No te escucho, lo sabes.

Plomo.

Tu cuerpo ya no es el mismo.

Vanadio.

No te escuchan, lo sabes.

Zinc.

Mutación, tu vía de escape.» 

[Poema para el río Aulencia, Emma A. Marty, 2025]

Sobre Emma Á. Marty
Artista, comisaria e investigadora franco-española, Emma Á. Marty explora la impermanencia, los saberes socio-naturales locales y los posibles sistemas de regeneración del medio ambiente a través de la práctica artística. Graduada en Bellas Artes y Máster en Fotografía Artística y Documental (Universidad TAI – URJC), actualmente realiza un doctorado en Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid. Su práctica se entrelaza con el activismo ecologista, colaborando con colectivos como Fridays For Future Madrid, Proyecto Verde de Colmenarejo y Valdemorillo.

Desde 2023, forma parte de El Local, espacio independiente de fotografía e imagen contemporánea en Madrid, y coordina La Embajada, plataforma dedicada a la fotografía dentro del circuito no oficial del Festival Rencontres d’Arles (Francia).

 Recorrido: Presa del Embalse de Valmayor – Tubería de vertido al río Aulencia
Colaboran con nosotros: La asociación Proyecto Verde Colmenarejo, Coralie Marty. La asociación de Valdemorillo, José Ángel De La Banda educador ambiental es el presidente, Haday López Portillo ambientóloga y miembro de la asociación. Así como todos los participantes de la caminata, poetas, profes, artistas. A todos los que caminaron con el alma abierta, a quienes escucharon el lenguaje del viento y dejaron que el arte se mezclara con la tierra, gracias por ser caminantes conscientes, amantes del agua y de la vida, miradas que despiertan y presencias que honran la naturaleza con cada paso.

Más información en Proyecto Verde de Colmenarejo.

Otro poema inspirado por las frases de la caminata y ofrecido por el caminante tecnológico del grupo; Pablo Cones.

Invitamos a otros docentes a contarnos sus caminatas: esos trayectos donde la enseñanza respira al ritmo del paso, donde el paisaje se convierte en compañero de ideas y descubrimientos.

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Janet Val Tribouillier

Maestra, a veces poeta y otras nube, Entre el arte y lo verde, mi corazón camina fino. Estoy donde la imaginación crece, sembrando esperanzas.

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