Cartografías sensibles: Tejer el mundo con los sentidos
En la educación artística, la cartografía sensible nos insta a relacionarnos con los espacios no solo con nuestros ojos, sino con todo nuestro cuerpo. Estos mapas están dibujados con sentimientos, recuerdos y acciones: líneas que respiran, líneas con texturas que cuentan, y colores que hablan del paso del tiempo. Pueden ser cosidos, ensamblados o montados con objetos encontrados, ya que cada puntada, cada hilo, también es una forma de pensar y de cuidar.
La artista Úrsula Tutosaus trabaja en la convergencia del arte, la maternidad y la intersección del cuidado. Crea obras que resuenan con poesía visual, costura y contemplación sobre la mujer en el arte fusionado y la artesanía como un acto político y vital. En su arte, el hilo es el tejido conectivo de cuerpos, experiencias y recuerdos, así como en la escuela el arte puede unir a los niños en el proceso compartido de creación.
Coser, dice Tutosaus, es crear un borde poroso: una línea que no aísla, sino que conecta el mundo interior con el mundo exterior. Del mismo modo, cuando los niños cosen o dibujan sus propios “mapas emocionales”, aprenden a habitar su entorno con sensibilidad y entienden que sostener la tierra, un objeto o una idea, también es un acto de cuidado.
A través del dibujo, el collage o la instalación, se podría cartografiar la experiencia colectiva o individual, expresando nuestra manera de habitar el mundo. Aquí tienes una situación de aprendizaje que puede ayudarte a reproducirlo o a crear la tuya.
Esta práctica, inspirada en la educación artística contemporánea y en la estética relacional (Bourriaud, 2006), sitúa el aprendizaje en el cruce entre cuerpo, emoción y entorno. Esta perspectiva nos brinda conciencia del lugar que habitamos, generando una mirada más humana y poética.
Si realizarás una experiencia parecida nos encantaría publicarlo en este tu espacio.

Cartografías sensibles Ursula Tutosaus
