23 mayo 2024

Aulas escolares de cocina: la experiencia de la «Escola Pública Jaume I» de Barcelona

Cooperativa Garúa

Nuestra alimentación supone el 52% de la huella ambiental que genera nuestro consumo. En los centros educativos la alimentación está presente en el currículum y de manera transversal porque se consumen alimentos en el comedor escolar, en la cafetería, en el recreo, en algunas celebraciones… por lo que constituye un importante ámbito de actuación y mejora para un centro que persigue reducir su huella ambiental.

Como decimos en el apartado de Ecocomedores escolares de «28 000 por el clima»: Trabajar por una alimentación sana, saludable y sostenible pasa por analizar el tipo de alimentos que se sirven en los comedores escolares y se consumen en el centro y promover un cambio en pro del consumo de producción local, de temporada, de producción ecológica, desechando productos que promuevan la explotación salarial y de la tierra, evitando el desperdicio alimentario y reduciendo los residuos.

Conseguir ecocomedores escolares es un proceso largo y que implica a agentes externos: la administración educativa que regula el servicio, la empresa prestataria, los proveedores de esas empresas, su personal, etc., por lo que es importante trabajar para concienciar a todas las partes y conseguir avanzar.

Por todo ello, desde Teachers For Future Spain apoyamos proyectos como el que aquí os presentamos de la Cooperativa Garúa.


Alimentar el cambio.
La Cooperativa Garúa entrevista a profesorado de la Escola Pública Jaume I, de Barcelona, y busca centros madrileños en los que desarrollar su GastroLAB y avanzar hacia un espacio estable de cocina.

Peques felices entre ensaladas, fruteros y ralladores, combinados con juegos y lecturas… La dificultad para imaginar comidas saludables, coherentes con el cuidado de la naturaleza, y sobre todo, deseadas y disfrutonas, es una de las grandes victorias de las industrias que dominan actualmente el sector alimentario. Aquellas responsables de un modelo agroalimentario predador, que condena a alimentarse mal a cada vez más personas, tal y como muestran los escandalosos índices de sobrepeso y obesidad. Estos, en el caso de niños y niñas madrileñas, alcanzan casi el 50% en los distritos considerados por el ayuntamiento «de menor desarrollo». Es decir, casi 1 de cada 2 peques de los barrios pobres presentan riesgos elevados padecer problemas de salud (física y psicosocial) en su presente y futuro vinculados a su mala alimentación.

En un contexto dominado por la comida rápida y los ultraprocesados, conocer los alimentos reales y acostumbrarse a cocinarlos y consumirlos es una de las mejores medidas preventivas para una buena salud y protección de los ecosistemas o el clima. Y es que la comida, que tanto nos gusta, es un potente recurso educativo a nuestra disposición, a menudo desaprovechado en los centros educativos. ¡No nos lo podemos permitir! Volviendo a la imagen inicial de pequeños y pequeñas chefs disfrutando, necesitamos hacerle un hueco a ecotopías alimentarias en nuestros imaginarios: lo que es deseable, pero sobre todo posible.

¿Y en los colegios y escuelas?

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) considera fundamental trabajar en la construcción de entornos que promuevan y favorezcan opciones de consumo de alimentos saludables y sostenibles, con especial incidencia en el entorno educativo, familiar y comunitario. Con este objetivo, la Cooperativa Garúa viene impulsando diferentes formatos de talleres prácticos de cocina saludable y sostenible en centros educativos. Propuestas variadas, a veces solo con el alumnado, otras veces acompañado de familiares, en los que los y las participantes descubren y manipulan multitud de ingredientes saludables que combinan en atractivas recetas, desde educación infantil (0-3 años) hasta secundaria y formación profesional.

En los talleres SuperChef o el GastroLAB apostamos por familiarizar a las comunidades escolares con el Plato de Harvard, los beneficios de los alimentos ecológicos, de proximidad y temporada, o propuestas vegetarianas que faciliten la adopción de dietas menos cárnicas. Pero estos objetivos tan necesarios suelen quedar eclipsados por la componente vivencial de los talleres: alumnado feliz, encantado de descubrir, manipular, elegir y crear su propia receta, centrado y autónomo en la «tarea»; familias sorprendidas ante la inesperada buena aceptación de muchos ingredientes.

Con nuestros proyectos, como Alimenta Futuro o Menús Sostenibles Planeta Saludable, hemos llevado nuestras propuestas a varias decenas de centros educativos madrileños.  Nos encanta hacerlo, a pesar del esfuerzo que implica improvisar (y desmontar) cocinas efímeras. Pero somos conscientes de lo limitado de nuestro impacto frente a la cantidad de centros educativos y alumnado; y la necesidad de que las intervenciones educativas se mantengan en el tiempo.

Aspiramos a seducir y facilitar recursos al profesorado* (ver abajo), desde escuelitas hasta institutos, para que cocinar sea una actividad frecuente y normalizada en sus centros. Pero somos conscientes de que, sin un espacio donde hacerlo con facilidad, no va a ocurrir. El tiempo requerido es mucho para la disponibilidad de profes, maestros, maestras, educadores y educadoras.

Necesitamos aulas de cocina escolares, como la del colegio público Jaume I de Barcelona, por la que pasa quincenalmente, desde 2017, todo el alumnado (y tutores y tutoras) de primaria. Para conocer más detalles de su experiencia y cómo hacerla realidad en otros centros, invitamos a su claustro a participar en la VII Jornadas Alimentar el Cambio, que organizamos junto a CERAI y La Casa encendida el 3 y 4 de abril de 2024, con la colaboración de la Fundación Fomento Hispania.

Nos acompañaron Sílvia Llorens, educadora del recurso SIEI, y Miriam Villà, maestra de primaria, a las que entrevistamos para acercar su experiencia a quienes no nos pudieron acompañar en directo. Ojalá las aulas de cocina sigan una senda parecida a la de los huertos escolares: de pequeñas aventuras lideradas por profesorado motivado en unos pocos coles no hace mucho, a recursos normalizados y curricularizados en miles de  centros. Si se ha conseguido incorporar la experiencia práctica del cultivo —el eslabón de la cadena alimentaria más alejada de la mayoría de la población—, ¿cómo podemos seguir permitiendo, en centros educativos donde se desayuna, almuerza, come o incluso merienda, la ausencia de espacios vivenciales para aprender a cocinar y alimentarse bien?

Garúa (G): ¿Qué motivó a vuestro colegio a dotarse de un aula de cocina?

Silvia (S): Nuestra escuela tiene desde hace años un recurso SIEI (Apoyo Intensivo para la Escolarización Inclusiva de alumnado con necesidades educativas especiales). En el marco de la atención a la diversidad surgió el taller de cocina en el año 2007: un taller exclusivo para el alumnado de este recurso, de forma precaria en una aula, con un hornillo de sobremesa, un microondas y poco más. El resto del alumnado pedía participar también en actividades de cocina y se empezó a abrir el taller al resto, primero a sus compañeros y compañeras de grupo, y luego al resto del alumnado.

Viendo el potencial de este recurso, donde se pueden trabajar muchas competencias de forma muy vivencial, en 2017 la escuela apostó por la cocina como un recurso estable más. Se construyó una cocina hecha a medida y pensada para ser utilizada por niños y niñas de 6 a 12 años. La cocina dispone de punto de agua, horno, vitrocerámica, microondas, nevera y utensilios como básculas, vasos medidores, batidoras, exprimidores y menaje diverso, cosa que permite hacer todo tipo de recetas y trabajar en un espacio real de cocina adaptado al alumnado.

G: ¿Cómo se utiliza el aula dentro de las rutinas cotidianas del centro?

Miriam (M): Actualmente, todo el alumnado de primaria asiste al aula de cocina de forma quincenal, en una sesión de desdoblamiento de grupo. El espacio también se utiliza en otros momentos a lo largo del curso. Por ejemplo, en algunas fiestas escolares se realizan talleres: bienvenida del invierno, Sant Jordi, etc., en las que un cuento hace de eje de partida a una sesión en el taller. También  realizamos catas de frutos estacionales, otoño, primavera; o se utiliza en alguna sesión de cajas de aprendizaje de la comunidad de grandes, en el proyecto «compartimos con la gente mayor», etc.

Además, se pueden llevar las recetas trabajadas a casa y volver a elaborarlas con la familia si lo desean, de manera que el trabajo en el aula llega también a los hogares. Este curso hemos modificado algunos aspectos organizativos del aula para reducir el desperdicio de alimentos al realizar las recetas, combinando el comercio de proximidad con la compra colectiva de ingredientes, o un impulso mayor al reciclaje.

G: De la prohibición a llevar al colegio cualquier comida elaborada en casa para compartir (por tema de seguridad alimentaria, como ocurre en los centros públicos de la Comunidad de Madrid), a que el alumnado cocine en el colegio, hay… ¡un mundo! ¿Habéis tenido resistencias relacionadas con los riesgos por alergias o manejo de cuchillos o fogones?

S: En nuestro caso, no hemos observado resistencia, al contrario, es uno de los reclamos para las familias que visitan la escuela. En cuanto a los riesgos, los utensilios que tienen al alcance están diseñados para ser utilizados por niños y niñas. El diseño del espacio también incorporó, por ejemplo, medidas de seguridad, como un horno cuyas superficies no queman.

M: En nuestro centro tenemos muy presente las distintas religiones, opciones alimentarias y alergias. Partiendo de la información sobre dietas, alergias e intolerancias que se maneja en el comedor escolar, se organizan los talleres teniendo en cuenta alternativas para algunos ingredientes y precauciones para evitar contaminaciones y no hemos tenido hasta la fecha ningún problema con este tema.

G: ¿Qué inversión y trámites con la administración ha sido necesaria para dotaros de un aula de cocina?

S: La inversión fue de 12 000 € y en 2017 tuvimos que comunicar el proyecto al Consorci d’educació de Barcelona (del que dependen los colegios públicos de Barcelona) y fue suficiente. En la actualidad, para una iniciativa similar, sería imprescindible  presentar el proyecto con todos los detalles por escrito.

G: ¿Qué le diríais al profesorado y equipos directivos de los colegios madrileños para que se animen a proponer en sus centros una aula de cocina?

M: El taller de cocina es una oportunidad para trabajar a partir de una actividad funcional, de forma global y competencial, múltiples aspectos del currículum.

La lectoescritura la trabajamos, por ejemplo, en el momento en que el alumnado debe leer y entender un texto instructivo  para poder elaborar la receta. A veces también escriben la receta en el aula y después se pone en práctica en la cocina. La receta también puede convertirse en un guion para posteriormente grabarlo en la radio (la escuela tiene una radio con programa semanal que se emite en diferido).

Al calcular las cantidades de los alimentos necesarios (gramos, mililitros, proporciones, etc.)  o repartir lo cocinado antes de comerlo (fracciones) trabajamos el ámbito matemático.

S: Además, es un espacio donde se trabaja de forma cooperativa, normalmente en grupos de 4 alumnos y alumnas aproximadamente, donde todas y cada una de los niñas y niños deben colaborar para obtener el resultado común. Es un buen momento para el aprendizaje social, aprovechando las fortalezas de cada peque, puesto que hay quienes ayudan a la lectura, mientras que hay quienes pueden ayudar a interpretar las medidas o mostrar su habilidad a la hora de cocinar. Es una oportunidad para poner en valor habilidades e inteligencias menos relevantes en otro tipo de metodologías más clásicas.

Tan importante es realizar la receta como la autonomía y responsabilidad para limpiar y recoger los utensilios y alimentos en su lugar, para que la cocina pueda estar preparada para otro grupo.

Al terminar la receta el resultado se lo comen toda la clase junta para merendar o se comparte con la comunidad si es el contexto de una fiesta popular.

El aula de cocina es un elemento importante de la comunidad escolar en muchos sentidos y el alumnado —que en ella desarrollo su autonomía entre otras muchas competencias— la siente como un recurso a su disposición.

* Dentro del proyecto Alimenta Futuro, durante 2024 vamos a desarrollar el GastroLAB en 4 colegios madrileños ¿Te gustaría que el tuyo fuera uno de ellos?

Priorizaremos aquellos centros con voluntad de normalizar actividades de cocina —más allá de nuestros talleres— y avanzar hacia dotarse de un aula de cocina. Sabemos que no parece sencillo, que la administración…, pero ¡queremos ayudaros a hacerlo realidad!

Hemos diseñado esta Situación de Aprendizaje para 2º ciclo de EP, que queremos testar en el primer trimestre del próximo curso, con la complicidad del profesorado para las sesiones sin manipulación de alimentos.

Si estás interesado, si estás interesada, escríbenos a: contacto@garuacoop.es

Aquí podéis encontrar más detalles de la experiencia de la Escola Pública Jaume I.

Y en tu centro, ¿tenéis experiencias de este tipo? ¿Cómo trabajas tú este tema con tu alumnado?

Mándanos un correo a teachersforfuturespain@gmail.com y cuéntanos tu experiencia. ¡La publicaremos en la web!

¡Comparte!

Javier Ibáñez Iborra

Amante y defensor de la educación inclusiva y ecosocial. Transformar el mundo desde la implicación personal. (Aprendiz de mucho... maestro, solo de escuela). @maestroconganas

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